El consumo de psicofármacos en perros está aumentando a nivel global. En España, que lidera el consumo de benzodiacepinas en humanos, se observa un fenómeno paralelo en la veterinaria. Más del 99% de los perros presentan al menos un problema de conducta, y casi el 70% de los propietarios ocultan esta realidad al entregar su perro a una protectora. En Reino Unido, el uso de fluoxetina se ha disparado en la última década, pasando de un perro medicado por cada diez mil en 2013 a uno por cada quinientos en la actualidad. Los psicofármacos más utilizados incluyen inhibidores de la recaptación de serotonina, benzodiacepinas y acepromacina. Expertos como Paul McGreevy y Michelle Rassool advierten que a menudo el problema está en el manejo humano y la sobreexigencia, y que la medicación debe ir acompañada de cambios en el entorno y entrenamientos basados en refuerzo positivo. Un estudio sobre el empleo de mirtazapina en perros con ansiedad mostró una tasa de mejoría superior al 80% y pocos efectos secundarios.