El desorden en casa puede tener un impacto negativo en el bienestar mental, aumentando los niveles de estrés, dificultando la concentración y afectando las relaciones. Un estudio publicado en Journal of Environmental Psychology encontró que el desorden puede reducir la sensación de felicidad, bienestar y seguridad. Otro estudio publicado en Comprehensive Psychoneuroendocrinology encontró que las mujeres que viven en un entorno doméstico desordenado tienen niveles más altos de cortisol, la hormona del estrés. El desorden también puede afectar la capacidad para relajarnos y prestar atención, y se relaciona con problemas de memoria, menor control de los impulsos y malos hábitos alimenticios. Para conseguir un entorno más organizado, se recomienda empezar poco a poco, crear un plan y decidir el método de limpieza, y visualizar cómo sería el espacio si estuviera ordenado.