Un estudio internacional publicado en Frontiers in Medicine analizó datos de 123 países durante 16 años y encontró que la felicidad comienza a influir en la esperanza de vida cuando un país alcanza un nivel de felicidad promedio de 2,7 en una escala de 0 a 10. Antes de ese punto, la felicidad no tiene efecto sobre las muertes por enfermedades no transmisibles, pero una vez superado ese umbral, cada pequeño aumento en bienestar reduce la mortalidad prematura en un 0,43%. El estudio también reveló que la obesidad y el consumo de alcohol aumentan el riesgo de muerte en todos los niveles de felicidad. Los autores sugieren que las políticas nacionales deben combinar medidas económicas, sociales y ambientales para elevar el bienestar y crear el entorno necesario para que la felicidad tenga impacto real. El estudio confirma que la felicidad no solo mejora el ánimo, también puede salvar vidas, siempre y cuando se alcance un nivel mínimo de bienestar.