Un ictus puede alterar la vida de una persona en solo un minuto, causando daño cerebral irreversible. Sin embargo, las terapias con células madre han abierto una vía prometedora para reparar el tejido cerebral dañado. En la década de 1980, los neurocientíficos Anders Björklund y Olle Lindvall trasplantaron células madre neurales en pacientes con Parkinson, logrando recuperar la función motora durante más de una década. Desde entonces, los ensayos clínicos se han multiplicado y la regulación europea ha establecido normas para garantizar la seguridad de estas terapias. La ingeniería genética ha encontrado un nuevo aliado en la medicina regenerativa, permitiendo potenciar la capacidad de las células madre. El científico japonés Shinya Yamanaka recibió el Nobel en 2012 por descubrir las células madre pluripotentes inducidas (iPS), que pueden reprogramarse para convertirse en cualquier tipo celular, incluidas neuronas. La combinación de células madre, ingeniería genética y neurociencia está delineando un horizonte en el que los cerebros dañados podrían volver a funcionar.