El cambio de hora puede afectar al sueño, el apetito, el rendimiento físico y el estado de ánimo. Según la Sociedad Española de Neurología, un 48% de la población adulta no tiene sueño de calidad y el 54% duerme menos de las horas recomendadas. La clave para adaptarse es mantener horarios regulares y dormir bien. María José Martínez Madrid, coordinadora del grupo de trabajo de Cronobiología de la SES, recomienda retrasar un poco la hora de ir a dormir y la hora de alimentación antes del cambio de hora. El cambio de hora de invierno se ajusta mejor a nuestro reloj biológico, que tiende a alargar el día. La adaptación se produce en uno o dos días en adultos sanos, pero puede costar más en niños y adolescentes. Mantener los horarios habituales de acostarse y levantarse permite dormir una hora más sin alterar la rutina diaria.