La OTAN se enfrenta a un dilema debido a las repetidas incursiones aéreas rusas en su territorio. El presidente checo Petr Pavel y el ministro de Exteriores de Estonia, Margus Tsahkna, han reclamado respuestas más duras, incluyendo la posibilidad de derribar aeronaves rusas. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha declarado que la opción de abatir un avión intruso está sobre la mesa. El caso más simbólico fue el de tres MiG-31 rusos interceptados por dos F-35 italianos en Estonia, que permanecieron dentro del espacio aéreo de la OTAN durante más de 10 minutos. La OTAN ha reforzado la vigilancia con la operación Eastern Sentry y mantiene cazas Eurofighter, F-16 y F-35 desplegados en la región. Estonia ha decidido incrementar su gasto militar hasta un promedio del 5,4% del PIB anual hasta 2029. La situación refleja una paradoja, ya que aumentan las voces a favor de derribos como respuesta inmediata a violaciones del espacio aéreo, mientras que otros líderes recuerdan que Putin podría estar buscando precisamente ese incidente para legitimar una narrativa de victimización.