La guerra en Ucrania ha entrado en una fase desquiciada con el uso de drones, donde la saturación de frecuencias y la interferencia electrónica están causando problemas para distinguir entre drones aliados y enemigos. Los drones de ambos bandos utilizan las mismas frecuencias, lo que provoca pérdidas y disfunciones en plena operación. En algunos sectores, hay más de 60 drones en el aire, lo que obliga a una coordinación constante que rara vez es perfecta. La producción masiva de drones ha convertido el campo de batalla en un laboratorio de innovación en tiempo real, con Ucrania alcanzando los 2,2 millones de drones en 2024 y con el objetivo de duplicar esa cifra en 2025. La guerra electrónica se ha convertido en un arma de doble filo, donde la interferencia puede decidir la eficacia o el fracaso de una ofensiva.