La Vuelta Ciclista a España, un evento deportivo de primer orden, fue abortada en su final en Madrid debido a protestas de la extrema izquierda alentadas por el Gobierno. El delegado del Gobierno en Madrid, responsable del despliegue policial, había dicho que había que conjugar la seguridad con el derecho fundamental a la manifestación. Sin embargo, esto no se aplicó cuando los manifestantes acudían a protestar a la sede del PSOE en Madrid. El suceso es considerado un bochorno internacional que debería acarrear dimisiones, pero en realidad ha sido algo deseado y premeditado por el presidente Sánchez para desviar el foco de las corruptelas que rodean al Ejecutivo y movilizar a la izquierda radical. La policía ha fracasado premeditadamente por culpa de Marlaska, y el resto de los españoles observan atónitos cómo su Gobierno dilapida el prestigio de España. El episodio ha sido un golpe a la imagen de España a escala internacional, especialmente después de los planteamientos radicales de Sánchez respecto a Israel y la estrategia de rearme de la OTAN.