Pedro Sánchez utiliza la provocación y el enfrentamiento como herramienta de gobierno, creando un enemigo cada día para mantener el poder. Esto se debe a que su poder depende del ruido y la bronca permanente. La situación en España es complicada, con problemas como la inseguridad, el aumento del precio de la vivienda y la disconformidad de los ciudadanos. Sánchez necesita la crispación para convertir el malestar en división y evitar que se vuelva contra él. La gente está cansada de la tensión y la división, y ya distingue entre el ruido del gobierno y la realidad del país. La tensión mantiene con vida a Sánchez, pero está desgastando a España. El presidente solo sobrevive del conflicto, lo que lo convierte en un agitador con despacho oficial. La calle hierve, el independentismo vuelve a chantajear, los funcionarios amenazan con protestas y los agricultores se preparan. La vida se hace cuesta arriba para millones de españoles, y Sánchez lo sabe. Por eso, necesita la crispación para mantener su poder.