Los disturbios en La Vuelta a España han sido utilizados como una estrategia de distracción por parte del Gobierno de Pedro Sánchez. Los manifestantes, que se dicen propalestinos, en realidad odian a Israel y a los judíos, y utilizan la causa palestina como excusa para justificar su odio. La policía ha denunciado que el Gobierno les ha impedido actuar para controlar los disturbios. El objetivo de Sánchez es cambiar el marco del discurso político actual en España, que conduce a la desaparición del sanchismo. La mujer y el hermano de Sánchez han sido involucrados en casos de corrupción, y el partido ha amasado fortunas en mordidas y dinero sucio. Los disturbios han convertido la imagen de España en un estercolero, y el foco se ha desviado de los problemas reales del país. La fuente del poder de Sánchez es su capacidad para dividir a los españoles, y eso es lo que quiere que vuelva a suceder. El 8 de octubre de 2023, los gazatíes podrían haber evitado la guerra si Hamás hubiera depuesto las armas y devuelto a los rehenes. La Vuelta a España ha sido utilizada como un pretexto para crear tensión y enfrentamiento civil, y el Gobierno ha permitido que los disturbios se salieran de control.