La anécdota de Jumilla ha puesto a los laicistas de pro a defender la religión, específicamente el derecho a realizar actos religiosos en el espacio público de los musulmanes. Esto contrasta con su rechazo a la presencia de elementos religiosos católicos en el espacio público. La decisión municipal de cambiar el reglamento de uso de las instalaciones deportivas en Jumilla ha generado debate. Los laicistas auténticos pedirían que el municipio extienda la proscripción de sus instalaciones a todas las confesiones religiosas. Sin embargo, los laicistas actuales son selectivos, defendiendo la diversidad multicultural cuando se trata de religiones no cristianas. La anécdota de Jumilla sigue a los incidentes de Torre Pacheco y se enmarca en la 'guerra cultural'. Los socialistas y la izquierda niegan problemas con la inmigración musulmana, atribuyendo cualquier incidente al racismo. El Partido Popular y Vox reconocen el problema, pero carecen de propuestas estructuradas. La decisión de Jumilla es vista como una maniobra de distracción. No hay fecha específica mencionada en el artículo, pero se menciona que sucede después de los incidentes de Torre Pacheco.