La jerarquía eclesiástica española ha sido criticada por Santiago Abascal por priorizar el poder y las subvenciones sobre su misión de defender la fe. Abascal, como católico, considera que la Iglesia debería ser un faro de coherencia y no un lacayo del poder. La jerarquía eclesiástica ha sido acusada de olvidar su razón de ser y de no defender los principios eternos que predica. En lugar de eso, se ha centrado en la búsqueda de subvenciones y en no herir sensibilidades. Abascal ha denunciado esta situación y ha llamado a la Iglesia a recordar su misión de defender la fe y los derechos de los débiles. La Iglesia actual vive de cadenas y discursos que abrazan lo políticamente correcto, mientras abandona a quienes más necesitan su acción. La historia exigirá cuentas a quienes hoy callan y se acomodan en su poltrona episcopal.