Antonio Muñoz Molina, escritor y socialdemócrata, defiende la escasez como método ecológico y económico, pero lleva un estilo de vida lujoso con residencias en Madrid y Nueva York, viajes frecuentes y bienes de lujo. Su formación marxista y católica lo impulsaba a repartir sus ganancias, pero al ganar más dinero, esta postura se volvió insostenible. La apuesta Simon-Ehrlich de 1980 demuestra que la innovación tecnológica puede abaratar costes de extracción y descubrir nuevas reservas, refutando el mito de los recursos limitados. Las ideas de Muñoz Molina están influenciadas por lecturas parciales de Henry David Thoreau y Rachel Carson. En España, las ideas de Muñoz Molina serían una mera anécdota si no fuera porque están diseñando políticas como las de Pedro Sánchez, que priorizan sesgos pseudoecologistas sobre soluciones tecnológicas como la energía nuclear. La preocupación por la sostenibilidad es válida, pero las propuestas de Muñoz Molina carecen de rigor empírico y coherencia personal. Una visión más rigurosa integraría datos multidisciplinarios y reconocería los beneficios del capitalismo liberal. Medio siglo después de las predicciones apocalípticas del Club de Roma, el progreso demuestra que necesitamos más crecimiento económico y tecnológico, inteligentemente aplicado, no decrecimiento y escasez, para enfrentar los desafíos globales.