Europa está experimentando un aumento en la cultura del entrenamiento y la defensa, con un 36% de la Generación Z ejercitándose regularmente y un 50% más queriendo empezar. Esto se debe en parte a la búsqueda de propósito y pertenencia en una generación que creció en un entorno de ansiedad y precariedad. La autodisciplina se ha convertido en una virtud pública, y la forma física es sinónimo de responsabilidad. Alemania ha incrementado un 15% sus voluntarios al servicio militar, y Finlandia planea tener un millón de reservistas en 2031. La defensa civil se ha convertido en un nuevo club social, donde la gente se entrena y se prepara para responder a situaciones de emergencia. El cuerpo se ha convertido en un proyecto moral y colectivo, y la salud del ciudadano es un símbolo de la salud del Estado. La cultura fitness ha abierto una puerta lateral a la ideología, y figuras como Andrew Tate promueven la autosuperación como dogma. En España, no hay planes de servicio militar obligatorio, pero sí un renovado interés por la disciplina civil. La Unidad Militar de Emergencias actúa como modelo híbrido entre fuerza armada y defensa civil.