Entre 11 y 19 drones rusos violaron el espacio aéreo polaco, muchos procedentes de Bielorrusia, entre las 23:30 y las 6:30, coincidiendo con nuevas ofensivas contra Ucrania. Varios aparatos fueron derribados por cazas F-16 polacos y F-35 neerlandeses. Las autoridades revelaron que muchos de ellos eran drones Gerbera, una variante rusa simplificada de los Shahed-136 iraníes. El primer ministro Donald Tusk calificó las violaciones como un acto de agresión que incrementa el riesgo de una gran guerra en Europa. El gobierno polaco convocó al encargado de negocios ruso, aunque Moscú negó responsabilidades. Varsovia invocó el Artículo 4 del Tratado Atlántico, que abre consultas entre los 32 aliados cuando la integridad o seguridad de un miembro se ve amenazada. La OTAN confirmó que no habrá cambios inmediatos en su postura militar. El Artículo 5 consagra la defensa colectiva, pero no se ha invocado desde los atentados del 11 de septiembre de 2001. La crisis deja abierta la incógnita de si estas violaciones se repetirán y de cómo reaccionará la OTAN en un escenario europeo cada vez más volátil.