El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha decidido enviar un buque de la Armada, el Furor, para dar cobertura a la flotilla a favor de Hamás encabezada por Ada Colau y Greta Thunberg. La operación propagandística de la flotilla humanitaria que pretende romper el bloqueo de Gaza queda completada con el envío de una embarcación militar. El delirio sanchista es de tal calibre que no repara en gestos marcadamente belicistas para dar cobertura a un grupo de extremistas que a tenor de sus registros en las redes sociales están de crucero revolucionario por el Mediterráneo. Sánchez apoye esa peligrosa pantomima movilizando un buque de la Armada es de una irresponsabilidad asombrosa. El despliegue de este barco y la flotilla forman parte del mismo plan que el boicot a la Vuelta ciclista y las amenazas que están recibiendo miembros de la comunidad judía en España sin que el Gobierno haga lo más mínimo para evitarlo. Mientras en España se amenaza impunemente a ciudadanos judíos, Sánchez envía a la Armada en auxilio de un grupo de antisemitas partidarios de Hamás cuyo objetivo es violar las aguas israelíes, desafiar al ejército de ese país y provocar un conflicto de impredecibles consecuencias.