La flotilla Global Sumud, compuesta por 473 activistas, fue interceptada por Israel cuando intentaba romper el bloqueo naval en Gaza. Ahora, los activistas reclaman no solo ser repatriados, sino que su vuelta a casa sea gratuita y costeada por Israel. La petición ha generado polémica, incluso entre quienes simpatizan con su causa. Israel ha confirmado que no mantendrá retenidos indefinidamente a los activistas, sino que los deportará a Europa. Sin embargo, no está dispuesto a asumir los costes de repatriación. Los abogados de los activistas denuncian supuestos malos tratos y presiones en prisiones como Saharonim. Algunos países europeos han anunciado que facilitarán repatriaciones a través de sus canales diplomáticos. El ministro israelí Itamar Ben-Gvir ha endurecido la polémica al referirse a los activistas como 'terroristas'. La realidad es que nadie discute el derecho a la protesta ni a la solidaridad con Gaza, pero exigir que Israel costee billetes de avión convierte un gesto de militancia en un reclamo desmedido.