Un grupo de occidentales ha optado por mudarse a Rusia en busca de lo que perciben como valores tradicionales frente a un Occidente que consideran decadente. Entre los casos más notorios está el de Derek Huffman, un soldador de Arizona y padre de seis hijos, que emigró con su esposa e hijos alegando rechazo al adoctrinamiento LGBT, la inmigración y la inseguridad en Estados Unidos. Moscú lanzó en 2024 un visado especial para occidentales desencantados, que facilita la residencia permanente a unas 150 personas al mes. Aunque en números son apenas unos centenares, sus historias reciben gran difusión en canales de YouTube con producción profesional, varios de ellos vinculados a Russia Today. La realidad es que decenas de miles de rusos han huido desde 2022 para evitar la movilización, la represión política y el aislamiento internacional. La paradoja es evidente: quienes llegan desde Occidente alegan sentirse más libres y seguros, pero esa libertad excluye cualquier crítica al Estado ruso, y esa supuesta seguridad convive con ataques aéreos, censura y represión sistemática.