La situación política en España ha generado estupefacción y preocupación en Europa debido a la deriva del presidente Pedro Sánchez. En plena guerra de Rusia con Ucrania, España centra su actividad política y diplomática en conseguir que el Parlamento Europeo admita el uso del catalán. El presidente Sánchez intenta pagar sus deudas con el prófugo Puigdemont, lo que ha generado inquietud entre los europeos. Primeros ministros europeos solo preguntan por España para interesarse por los casos de corrupción y la debilidad parlamentaria del Gobierno. La Comisión Europea ha recordado al Gobierno de Sánchez que sigue sin mejorar la independencia en casos de conflicto de intereses y sin crear una agencia especializada de lucha contra la corrupción. El informe sobre el Estado de Derecho del pasado mes de julio ya fue un golpe para España, y el análisis de la CE sobre la Ley de Amnistía fue un varapalo. El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha admitido sentir vergüenza cuando habla con primeros ministros o líderes europeos sobre la situación de España.