Después de unos meses de calma tensa en Palacio, una nueva tormenta ha estallado en Zarzuela debido a las recientes declaraciones de Juan Carlos I, anunciando la inminente publicación de sus memorias y reivindicando su legado sin autocrítica. Esto ha detonado un conflicto que devuelve a la Familia Real a su estado natural: la guerra soterrada. Felipe VI considera las declaraciones de su padre como una falta absoluta de responsabilidad institucional y una muestra de que el Emérito actúa a su aire, sin medir las consecuencias. La irritación en Palacio es máxima y se ha decidido que Juan Carlos I no asistirá a los actos conmemorativos del 50º aniversario de la monarquía parlamentaria en noviembre. La prioridad de Felipe VI es proteger la institución, incluso si ello supone romper definitivamente con el pasado. La decisión marca un punto de no retorno y se considera una ruptura emocional inevitable. Desde su proclamación en 2014, Felipe VI ha mantenido una estrategia de distancia calculada con su padre, centrada en transparencia, regeneración y ejemplaridad.