El 2 de septiembre, Estados Unidos aseguraba que había derribado una narcolancha frente a la costa de Venezuela, aumentando la tensión entre ambos países. En respuesta, Venezuela presentó un simulador para su armada, que resultó ser un videojuego ruso llamado FPV Kamikaze Drone, desarrollado por HFM Games y vendido en Steam por 3,99 dólares. El software utilizado es prácticamente idéntico al del videojuego, con la misma interfaz, gráficos y física del motor. El cofundador de HFM Games, Aleksei Kolotilov, confirmó que no hubo contacto con el gobierno venezolano ni adaptación del programa para fines militares. El ejército venezolano utiliza este simulador para entrenar a sus cadetes, lo que refleja la paradoja del aparato de defensa venezolano: un ejército que exhibe poder, pero depende de medios improvisados. La adopción de un software civil ruso para entrenar oficiales se convierte en un gesto de propaganda y un símbolo de precariedad. Los drones FPV se han convertido en una herramienta letal de bajo coste, popularizada por el ejército ucraniano y adoptada rápidamente por potencias y países en desarrollo.