La política auténtica busca acuerdos y mejorar la convivencia, no a través de la violencia. Alentar la violencia es como defender que tirarle a tu pareja un cenicero a la cabeza es un argumento válido. La mediocridad se siente cómoda en el terreno de los gritos y las amenazas. Defender la violencia no construye nada, solo deja escombros y fracturas. El problema está en que cada vez hay más políticos abonados al "después de mí el diluvio", olvidándose de que esta manera de gobernar puede provocar un estallido social. Luis XV es un ejemplo histórico de esto. La violencia no es una forma de hacer política, y es importante repetirlo para que se nos mete en la mollera que defender la violencia no es la solución. La política debe buscar acuerdos y mejorar la convivencia, no a través de la violencia.