Desde la implementación del Estado autonómico en España, hace más de cuarenta años, se han producido numerosas catástrofes que han puesto de relieve su ineficacia. En eventos como la gota fría en Levante, el volcán de La Palma y la pandemia de COVID-19, se ha demostrado que el modelo autonómico es una fábrica de irresponsables, donde cada gobierno regional acusa al central de dejación y éste acusa a las comunidades de incompetencia. Los ciudadanos han quedado desprotegidos, los pueblos arrasados y el país convertido en ceniza. Los partidos políticos, como el PP y el PSOE, son responsables de mantener esta farsa, mientras la izquierda busca rentabilidad política en lugar de asumir su incapacidad. El Estado autonómico ha demostrado ser ineficaz, insolidario, caro e inútil, y urge desmontar este modelo para devolver competencias estratégicas al Estado y garantizar la igualdad entre españoles. La única salida realista y valiente es desmontar este modelo y establecer una respuesta nacional inmediata en caso de catástrofe.