Álvaro García Ortiz, fiscal general del Estado, ha sido criticado por su presencia en la apertura del año judicial y su discurso, considerado un insulto a la justicia y una afrenta a la separación de poderes. García Ortiz ha justificado su presencia argumentando que cree en la justicia y la verdad, a pesar de estar involucrado en un caso de difusión de datos privados. El fiscal general ha sido acusado de ser una marioneta de Pedro Sánchez y de servir a sus intereses personales. La situación ha generado críticas y llamados a la dimisión de García Ortiz, quien ha demostrado ser un elemento tóxico y grosero en el cargo. La apertura del año judicial ha sido considerada un episodio oscuro y deshonroso en la democracia española. García Ortiz ha dicho ser plenamente consciente de las singulares circunstancias de su intervención, pero no ha dimitido a pesar de las críticas. El caso ha generado un debate sobre la independencia del Ministerio Fiscal y la separación de poderes en España.