La cultura liberal clásica, fundada en la crítica, el diálogo y la desconfianza ante los dogmas, está siendo atacada por extremos que coinciden en su aversión a la discrepancia. El asesinato de Charlie Hebdo y la situación de Charlie Kirk son ejemplos de cómo el humor y la sátira están siendo utilizados como armas en la guerra cultural. La izquierda heredera del terrorismo socialista y la derecha reaccionaria están asumiendo posturas dogmáticas y violentas, lo que amenaza la libertad de expresión y la sociedad abierta. J. K. Rowling ha sido objeto de odio y amenazas por expresar dudas sobre el activismo trans, lo que muestra cómo la intolerancia y el totalitarismo están ganando terreno. La reivindicación del humor y la sátira como defensa de la libertad es urgente, ya que la prueba del algodón para saber si una sociedad sigue siendo abierta es si permite la risa y la crítica. La cultura liberal del diálogo no teme la polémica, sino que la desea, porque solo en el intercambio de opiniones fundamentadas en argumentos y datos se templa la libertad.