El artículo critica la lentitud y la ineficacia de las ayudas gubernamentales en situaciones de emergencia, como los incendios, y destaca la ironía de que el Estado a veces parece jugar a los dados con el destino de los ciudadanos. Se menciona que el número de personas sin hogar en Barcelona ha aumentado de 2.000 a 4.000 en un tiempo récord, mientras que el consistorio barcelonés planea destinar 400 millones de euros a apoyar a Hamás. El autor argumenta que las ayudas deberían ser prometidas por el ministerio de Hacienda, que tiene la caja registradora afilada y rápida, pero solo para cobrar. Se critica la burocracia y la corrupción en la Administración, y se sugiere que los gobernantes deberían priorizar las necesidades de los ciudadanos en lugar de intereses políticos. El artículo también menciona la situación en Francia, donde el último primer ministro ha anunciado recortes en los servicios y aumentos de impuestos, y se pregunta si la democracia y el Estado social están en peligro.