La prohibición de comer carne de cerdo es una práctica arraigada en diversas culturas y religiones, especialmente en el judaísmo y el islam. La domesticación del cerdo se remonta al Paleolítico, con evidencias de domesticación en el Levante mediterráneo entre 7000-6400 a.C. La crianza de cerdos en entornos urbanos y la asociación con enfermedades como la triquinosis podrían haber contribuido a la formación del tabú. Las interpretaciones religiosas y simbólicas también juegan un papel importante, con el cerdo considerado impuro en el Levítico y el Corán. Estudios recientes sugieren que la prohibición del consumo de cerdo podría haber servido como un mecanismo de diferenciación cultural y reafirmación de valores religiosos.