Un equipo de físicos de la Universidad de Massachusetts Amherst liderado por Michael Baker y su colega Andrea Thamm, sostiene que existe una probabilidad del 90% de presenciar una explosión de un agujero negro primordial en los próximos diez años. Estos agujeros negros se cree que nacieron menos de un segundo después del Big Bang y son objetos hipotéticos que podrían haberse originado a partir de fluctuaciones de densidad en los primeros momentos del universo. La clave del estudio está en una reevaluación de un supuesto muy arraigado: que los agujeros negros no tienen carga eléctrica. El equipo propuso un modelo alternativo conocido como «dark-QED», que involucra una partícula hipotética llamada electrón oscuro. Observar una de estas explosiones no sería simplemente un dato curioso para la ciencia, sino que implicaría la primera confirmación directa de la radiación de Hawking y la primera evidencia empírica de la existencia de agujeros negros primordiales. La duración de esta señal podría ser brevísima, como el parpadeo de una luciérnaga en la noche, pero su brillo podría encapsular la historia entera del universo. El estudio ha sido publicado en Physical Review Letters, una de las revistas más prestigiosas del ámbito físico.