Investigadores de la American Chemical Society han desarrollado un prototipo de batería que funciona gracias a la glucosa y la vitamina B2. Esta propuesta busca ofrecer una solución de almacenamiento de energía más accesible, segura y respetuosa con el medioambiente. El diseño se basa en el principio de las baterías de flujo, utilizando una combinación de glucosa como fuente energética y riboflavina como mediador de electrones. La riboflavina demostró ser químicamente estable en medios básicos, facilitando el tránsito de electrones entre los electrodos sin recurrir a metales preciosos. El prototipo generó una densidad de potencia comparable a la de otras baterías de flujo que emplean metales como el vanadio. Aunque este desarrollo está aún en etapa de laboratorio, abre una vía interesante para la creación de baterías domésticas y biocompatibles.