Un tornado sin precedentes azotó el estado brasileño de Paraná, dejando al menos seis muertos y 750 heridos. La ciudad de Río Bonito do Iguaçu resultó gravemente dañada, con un 90% de sus viviendas y construcciones destruidas. El gobernador de Paraná, Ratinho Junior, declaró el estado de calamidad pública y anunció la reconstrucción de las viviendas una vez que se completen las tareas de búsqueda y rescate. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, envió miembros de su Gabinete y equipos médicos para colaborar en las tareas de rescate y reconstrucción. Los servicios meteorológicos atribuyeron la destrucción a un tornado que se formó dentro de una supercelda, con vientos de hasta 250 kilómetros por hora. Los estados de Río Grande do Sul y Santa Catarina declararon el estado de emergencia debido a un ciclón extratropical que ha causado daños en varios municipios.