En un diminuto atolón del Pacífico Sur, el mar se adentra cada vez más en la costa, robando tierra y afectando la vida de sus habitantes. La isla, que forma parte de las Islas Salomón, se enfrenta a una crisis existencial debido al aumento del nivel del mar, tormentas más violentas y escasez de agua dulce. El Gobierno, con apoyo de la ONU y la OIM, ha lanzado un plan de reubicación planificada para trasladar comunidades enteras a zonas seguras. En 2022, se lanzaron las Directrices para la Reubicación Planificada, que buscan proteger a los habitantes de las islas de mayor riesgo. La vida en la isla se sostiene entre la rutina y la resignación, con los niños yendo descalzos a la escuela y las familias cuidando sus huertos, aunque el agua salada ya haya alcanzado las raíces. El destino de lugares como este será uno de los temas centrales en la Conferencia del Clima COP30, que se celebrará en Belém, Brasil.