La meseta tibetana en Qinghai, un páramo árido, se está tiñendo de verde gracias a una gigantesca granja solar con siete millones de paneles. Este complejo, el mayor parque solar del mundo, se extiende sobre 610 kilómetros cuadrados y generará electricidad suficiente para abastecer a cinco millones de hogares. Los paneles actúan como barreras contra el viento, reduciendo la erosión y permitiendo que brote vegetación. La fauna local ha comenzado a regresar a la zona, alterando un ecosistema que parecía condenado a la desertificación permanente. El reverdecimiento ha traído consigo un reto: la hierba que crece entre los paneles necesita control, y la solución ha sido llevar a miles de ovejas a pastar entre las hileras solares. China es responsable del 61% de la capacidad solar instalada en el mundo y del 70% de la eólica, y ha alcanzado antes de lo previsto sus metas de 2030, registrando la primera caída de emisiones de carbono.