La idea de paredes que respiran se refiere a sistemas arquitectónicos que permiten el intercambio controlado de aire y humedad entre el interior y el exterior, sin necesidad de dispositivos mecánicos. Esto se logra con materiales porosos o con microcanales que permiten el paso del vapor de agua. La Casa GJ en Matadepera, Barcelona, utiliza 26.000 ladrillos cocidos con biomasa para crear una envolvente térmica que favorece la ventilación cruzada y la regulación pasiva del calor. Las paredes que respiran contribuyen a reducir el consumo energético y la huella de carbono de las viviendas. El futuro de este tipo de arquitectura está en el uso de materiales inteligentes, capaces de adaptarse a las condiciones del entorno. La arquitectura biomimética busca replicar soluciones evolutivamente exitosas en el diseño humano.