El Sol se expandirá en una gigante roja y luego colapsará en una enana blanca, lo que podría permitir la vida en otros mundos. Las enanas blancas son estrellas moribundas que emiten calor residual durante miles de millones de años. Se estima que existen más de 10 mil millones en nuestra galaxia. La zona habitable alrededor de una enana blanca se encuentra entre 10 y 100 veces más cerca que en el Sol, lo que plantea un problema debido a los efectos gravitacionales extremos. El calentamiento por marea podría calentar tanto la superficie que el agua se evaporaría, haciendo imposible la vida. Sin embargo, si este calentamiento es moderado, podría generar océanos subterráneos protegidos por una corteza de hielo. La detección de vida en planetas alrededor de enanas blancas es un objetivo intrigante para la astrobiología. El telescopio James Webb Space Telescope está siendo preparado para buscar señales de vida en estos planetas. La idea de que la vida pueda surgir en un sistema estelar muerto puede parecer sacada de la ciencia ficción, pero cada vez más investigaciones muestran que, bajo condiciones muy específicas, un planeta podría mantener agua líquida y atmósfera estable incluso alrededor de una estrella muerta.