Un estudio científico ha resuelto el misterio evolutivo de los pequeños humanos de la isla de Flores, conocidos como los hobbits. Los científicos han comparado la longitud relativa de las muelas del juicio de Homo floresiensis con la de otros 14 homínidos y han encontrado un patrón evolutivo claro. Las muelas del juicio de los hobbits eran pequeñas, como cabría esperar en una especie con un cerebro desarrollado, pero su endocráneo apenas alcanzaba los 400 cm³, el tamaño de un chimpancé. La investigación sugiere que la ralentización del crecimiento cerebral postnatal no implicó una pérdida de capacidad mental, sino una adaptación eficiente a un entorno aislado y limitado. Los hobbits vivían en una isla, aislados del continente y rodeados de un ecosistema singular, donde los grandes depredadores brillaban por su ausencia y los recursos eran limitados. El estudio ha sido publicado en la revista Annals of Human Biology y ha sido liderado por Tesla A. Monson, de la Western Washington University.