El descubrimiento del Titanic en 1985 fue liderado por el oceanógrafo Robert Ballard, quien trabajaba con la inteligencia naval estadounidense. La misión oficial era localizar los restos del submarino nuclear USS Scorpion, pero Ballard había negociado un trato para buscar el Titanic si completaba el estudio de los submarinos hundidos. El equipo utilizó un vehículo no tripulado llamado ARGO, desarrollado por Woods Hole Oceanographic Institution, con cámaras capaces de enviar vídeo en tiempo real desde el fondo del mar. El 1 de septiembre de 1985, las cámaras del ARGO captaron los remaches característicos de una de las calderas del Titanic. La expedición cambió la exploración marina y abrió el camino a futuras investigaciones. El descubrimiento del Titanic generó una revolución en las ciencias oceánicas y permitió conocer los detalles técnicos del hundimiento. La búsqueda también desveló la importancia de mirar hacia el fondo del mar con nuevos ojos. El equipo original dejó un legado que hoy se enseña en las universidades como modelo de investigación multidisciplinar. El Titanic se convirtió en el símbolo de un nuevo tipo de expedición: científica, respetuosa y con vocación divulgativa. La expedición de 1985 no fue solo un punto de llegada, sino un punto de partida para futuras investigaciones en otras partes del mundo.