En la Cueva de los Muertos Chiquitos, en el Valle del Río Zape, Durango, un equipo internacional de científicos analizó diez muestras de excrementos humanos desecados entre los siglos VIII y X. Utilizando tecnología forense molecular, descubrieron rastros de bacterias, protozoos y parásitos intestinales, como Blastocystis spp., Escherichia coli patógena, Shigella, Giardia spp. y Enterobius vermicularis. Esto revela que las infecciones digestivas eran endémicas en la cultura Loma San Gabriel, un pueblo agrícola que prosperó entre los siglos VII y X. La presencia de oxiuros fue la pista definitiva para confirmar que se trataba de heces humanas. El estudio, publicado en PLOS One, utilizó reacción en cadena de la polimerasa para amplificar el ADN conservado en los coprolitos. Los resultados mostraron que las infecciones intestinales eran estructurales y no episodios esporádicos. La cueva se transformó en un archivo biológico que preservó las huellas de la salud y la enfermedad de esta civilización desaparecida.