Un estudio publicado en la revista PLOS One analizó diez muestras de excremento humano de hace 1.300 años, encontradas en la Cueva de los Muertos Chiquitos en el estado de Durango, México. Los resultados mostraron que cada una de las muestras contenía al menos un patógeno intestinal, y la mayoría contenía varios. Los microorganismos detectados incluyeron Blastocystis spp., Escherichia coli, Shigella y Giardia spp. La presencia de Enterobius vermicularis, también conocido como lombriz intestinal, se detectó en seis de las diez muestras. El estudio sugiere que las infecciones intestinales eran comunes en la población prehispánica de la región, y que la falta de saneamiento y la convivencia cercana con animales podrían haber facilitado la proliferación de estos patógenos. El análisis de los coprolitos se combinó con análisis previos de restos vegetales y huellas dentales para entender la dieta y el entorno de los antiguos habitantes. El estudio demuestra que la paleoparasitología puede ser una herramienta valiosa para identificar enfermedades y restos humanos en contextos donde los huesos no siempre están presentes.