Los organoides cerebrales, esferas de unos pocos milímetros, recrean la arquitectura y las redes neuronales del sistema nervioso. Su función es estudiar enfermedades como el alzhéimer, el autismo o el párkinson sin intervenir en cerebros humanos. El neurocientífico Hongjun Song, responsable del proyecto, habla con cautela sobre los avances. Los organoides han mostrado patrones eléctricos coordinados y comunicación entre regiones distintas, comportamientos que sustentan procesos como la memoria o el aprendizaje. Una encuesta de Live Science mostró que uno de cada cuatro lectores considera inaceptable continuar con estos experimentos si existe la mínima posibilidad de que los organoides desarrollen sensibilidad. El equipo reconoce que cuanto más realista se vuelve el modelo, más urgente es definir un marco ético que impida crear accidentalmente algo que experimente sufrimiento. Los organoides cerebrales prometen tratamientos revolucionarios y una ventana inédita al desarrollo humano.