En Rio Grande do Sul, Brasil, se descubrieron túneles de hasta 600 metros de extensión y casi dos metros de altura. El profesor de geología Heinrich Theodor Frank quedó intrigado al encontrar galerías con ramificaciones, ascensos y descensos, y paredes cubiertas de marcas. Investigaciones posteriores identificaron a los creadores: perezosos gigantes del Pleistoceno, conocidos como Megatherium, que podían alcanzar hasta cuatro metros de largo. Sus garras explican los arañazos visibles en las paredes y su fuerza descomunal, la magnitud de las galerías. Los túneles no eran simples escondites, sino refugios compartidos que hablaban de un comportamiento social más complejo de lo imaginado. Se hallaron huellas humanas que seguían los pasos de los perezosos, interpretadas como rastros de caza o acecho. La coexistencia entre humanos y estos gigantes abre una ventana fascinante sobre la dinámica de supervivencia en un continente en plena transformación.