Un equipo de investigadores de la Universidad de Brown ha identificado en muestras de rocas lunares del Apolo 17 un tipo de azufre con una firma isotópica nunca vista en la Tierra ni en ningún otro material lunar analizado hasta ahora. Las muestras, recogidas en 1972 por Eugene Cernan y Harrison Schmitt, fueron selladas en tubos herméticos para ser analizadas con tecnologías más avanzadas en el futuro. El proyecto ANGSA ha permitido reabrir algunas de estas cápsulas intactas y analizar su contenido con técnicas modernas como la espectrometría de masas de iones secundarios (SIMS). Los resultados sugieren que la Luna pudo haber experimentado procesos de fraccionamiento isotópico que no ocurrieron en la Tierra, lo que abre una ventana nueva sobre su evolución temprana. El equipo de Brown maneja dos posibles explicaciones: una atmósfera lunar primitiva o una herencia directa del cuerpo protoplanetario Theia. El descubrimiento convierte a la Luna en un laboratorio natural para estudiar cómo los mundos rocosos evolucionan después de los grandes impactos. Las mismas señales isotópicas podrían buscarse en meteoritos marcianos o en muestras que en el futuro traigan misiones a asteroides y planetas. El programa ANGSA ha demostrado que las viejas muestras del Apolo aún esconden secretos, y que abrirlas con métodos actuales puede ofrecer una visión más fina de la historia lunar.