La expansión de ciudades y la contaminación lumínica están alterando los hábitos de las aves, prolongando su actividad diaria hasta una hora. Un estudio publicado en la revista Science encontró que la reducción de luz artificial durante la pandemia alteró los ritmos de actividad de muchas aves. La investigadora Diane Colombelli-Negrel y el ecólogo Neil Gilbert analizaron millones de grabaciones de cantos de aves y encontraron que la exposición a la luz alargaba los periodos activos de numerosas especies. Algunas especies, como los petirrojos americanos o los sinsontes, prolongaron sus vocalizaciones incluso dos horas antes de la salida del sol en las zonas más iluminadas. El estudio concluye que la contaminación lumínica altera rutinas básicas y amplía la presión sobre poblaciones que ya lidian con pérdida de hábitat y contaminación. La pandemia actuó como espejo en el que quedaron reflejadas las dos caras de la relación entre humanidad y naturaleza.