La minería submarina en el Pacífico podría tener un impacto devastador en el ecosistema marino. Un estudio de la Universidad de Hawái encontró que el 53% del zooplancton y el 60% del micronekton podrían verse afectados por los desechos mineros. La minería submarina consiste en recoger nódulos polimetálicos del lecho oceánico, que contienen metales como cobalto, níquel, cobre y manganeso. Sin embargo, el vertido de los residuos mineros en la zona crepuscular, donde se concentra el plancton, podría alterar la estructura energética del ecosistema marino. La demanda de metales estratégicos crece al ritmo de la transición energética y la digitalización, lo que ha impulsado a varios países y empresas a mirar hacia el fondo del mar. La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA) trabaja en un código minero, pero su aprobación sigue bloqueada por desacuerdos entre países. El estudio destaca que la minería submarina podría tener un efecto dominó en la cadena alimentaria marina, poniendo en riesgo el equilibrio ecológico global. La zona Clarion-Clipperton (CCZ) en el Pacífico es el foco principal de estas operaciones, con 1,5 millones de kilómetros cuadrados bajo licencia para exploración minera.