La minería submarina para obtener minerales como níquel, cobalto, manganeso y cobre para fabricar baterías y paneles solares está generando una nube de residuos metálicos que reemplaza el alimento del plancton en el océano. Un estudio de la Universidad de Hawái en Mānoa encontró que las partículas resultantes son entre 10 y 100 veces menos nutritivas que las naturales. La minería submarina se está llevando a cabo en la Zona Clarion-Clipperton, una vasta franja del Pacífico central de más de 1,5 millones de kilómetros cuadrados. Empresas como The Metals Company (TMC) están involucradas en la minería submarina, pero no hay un marco internacional definitivo para regular esta actividad. La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA) lleva más de una década intentando redactar un Código Minero Global, pero las negociaciones están estancadas desde 2014. El estudio recomienda devolver los sedimentos al fondo original, aunque eso implique mayor coste y complejidad técnica. La minería submarina podría afectar a 30 especies de tiburones, rayas y quimeras, y el 65% de las especies analizadas dependen de partículas mayores de seis micras, las mismas que desaparecen bajo la nube minera.