Un estudio internacional ha demostrado que los contactos poblacionales, rastreados a través de la genética, explican por qué idiomas sin parentesco terminan pareciéndose entre sí. Los investigadores de la Universidad de Zúrich analizaron información genética de más de 4.700 personas pertenecientes a 558 poblaciones de todo el mundo y compararon los datos con dos bases lingüísticas que reúnen miles de rasgos gramaticales, fonológicos y léxicos. El estudio encontró que cuando dos poblaciones se mezclan, sus lenguas tienden a parecerse entre un 4 y un 9 %. Los resultados mostraron que los sonidos y las palabras viajan con mayor rapidez que las estructuras gramaticales complejas. El estudio también desafió un viejo dogma de la lingüística, demostrando que el prestigio, el poder o la identidad de grupo pueden decidir qué se adopta y qué se rechaza en un idioma. El equipo logró identificar 125 episodios claros de contacto entre pueblos y encontró que la genética actúa como un archivo vivo, capaz de registrar interacciones que los documentos históricos no alcanzan a mostrar.