China se ha convertido en el primer 'electroestado' del mundo, generando más de una cuarta parte de su electricidad con energía solar y eólica. Esto se debe a una década de planificación estratégica bajo la iniciativa 'Made in China 2025', que busca convertir al país en líder manufacturero de alta tecnología. La motivación no es la moral climática, sino la dependencia de la importación de petróleo y gas, una vulnerabilidad estratégica. China ha logrado un dominio aplastante de la industria energética renovable y la electrificación, con paneles solares, baterías y vehículos eléctricos de fabricación china cada vez mejores y más asequibles. Esto ha tenido un impacto directo en los países en desarrollo, reduciendo en un 1% las emisiones de CO2 fuera de sus fronteras en 2024. El auge de China como electroestado ha creado una nueva dualidad en el poder, con petroestados como Arabia Saudí y Rusia, y electroestados como China y Europa. La era de los petroestados está llegando a su fin, y el amanecer de la era de los electroestados ya está aquí. Las importaciones de crudo a China cayeron en 2024 por primera vez en dos décadas, y se espera que la demanda de petróleo del país alcance su punto máximo en 2027.