Un tornado es una columna rotatoria de aire que se extiende desde una nube cumuliforme y toca el suelo. La formación de un tornado requiere una combinación de ingredientes, incluyendo inestabilidad atmosférica, humedad y un disparador como el choque de un frente frío. La cizalladura del viento es el ingrediente decisivo, creando un 'rodillo' invisible de aire que se pone en vertical y comienza a rotar, formando un mesociclón. La Escala Fujita Mejorada (EF) mide el poder de un tornado, clasificando los daños desde EF-0 (105 km/h) hasta EF-5 (más de 322 km/h). Los investigadores analizan los restos de edificios y vehículos para estimar la velocidad del viento. Aunque no hay evidencia de que el cambio climático aumente el número de tornados, los meteorólogos observan brotes más grandes y fuera de temporada, lo que sugiere que la alteración del clima está cambiando cuándo y cómo se producen. En un planeta más cálido, el aire inestable y húmedo se multiplica, aumentando la posibilidad de que la atmósfera vuelva a cocinar la receta perfecta del caos.