Un estudio sobre hormigas tejedoras muestra que, al trabajar juntas, cada una se vuelve más poderosa. Esto se debe a la división de roles y la coordinación en la construcción de nidos. Las hormigas forman cadenas vivientes para unir hojas, usando la seda de sus larvas como pegamento. En laboratorio, una hormiga sola arrastraba hasta 60 veces su peso, mientras que en grupos de 15, cada una llegó a tirar más de 100 veces su propio peso. Esto ha llamado la atención de los ingenieros, que buscan inspiración en la naturaleza para mejorar la cooperación entre máquinas. El fenómeno de supereficiencia fascina a los expertos, como David Hu, del Instituto Tecnológico de Georgia, quien cree que imitar esta cooperación podría revolucionar los equipos robóticos. Las hormigas tejedoras demuestran que la colaboración no siempre implica renuncia, sino que puede ser una vía para potenciar lo individual.