La Comisión de Conservación de Vida Silvestre y Pesca de Florida (FWC) busca a la Farancia erytrogramma, también conocida como víbora arcoíris, cuya población se ha visto en peligro por la pérdida de hábitat y enfermedad por hongos de las víboras en los últimos años. Las víboras arcoíris no son venenosas ni presentan riesgos para los humanos o las mascotas. Son semiacuáticas y se alimentan de anguilas americanas. La FWC pide a quien vea una víbora arcoíris que informe del avistaje en un formulario en línea. Las víboras adultas son grandes, con cuerpo grueso, y llegan a medir entre 70 y 122 centímetros. Tienen marcas definidas: tres delgadas líneas rojas que recorren el lomo y los costados, y manchas amarillas o rosadas en la parte inferior del lomo, cuello y mentón. La cola se afina y termina en una escama que parece un cuerno. La última vez que se vio una víbora arcoíris fue en 2020, después de 50 años sin avistamientos. Kevin Enge, científico de la FWC, destacó que cada avistaje que se informe brinda valiosos datos sobre la distribución actual y la salud de la especie en Florida.