Un fragmento helado, rico en agua y nitrógeno, fue atrapado por la gravedad de una enana blanca y desintegrado ante la mirada invisible del telescopio espacial Hubble. La enana blanca, ubicada a 260 años luz de la Tierra, tiene un tamaño similar al de nuestro planeta, pero una densidad que condensa la mitad de la masa solar. El análisis reveló que cerca del 66% del material absorbido era hielo de agua, acompañado de nitrógeno, carbono y azufre. La presencia de tanto nitrógeno recuerda a la superficie helada de Plutón, sugiriendo que la estrella muerta engulló restos de un exoplutón o de un cuerpo originado en una región exterior similar al Cinturón de Kuiper. El descubrimiento fue posible gracias al Espectrógrafo de Orígenes Cósmicos del Hubble, que detecta en el ultravioleta lo que a simple vista sería invisible. Se trata del registro más alto de nitrógeno hallado en restos de sistemas planetarios alrededor de una enana blanca, lo que refuerza la hipótesis de que fragmentos de cuerpos helados sobreviven más tiempo del que se pensaba antes de ser atraídos hacia la estrella. Cuando el Sol agote su combustible en unos 5.000 millones de años y se transforme en una enana blanca, su atracción gravitatoria podría repetir el escenario: atraer y devorar objetos del Cinturón de Kuiper, convirtiéndose en un espectáculo similar al registrado hoy por el Hubble.